Con las emociones no se negocia

El día en que Santi aprobó el ingreso a la carrera diplomática, lo celebramos por todo lo alto. 

Para él, implicaba:

  • Fin de la incertidumbre
  • Recompensa al esfuerzo
  • Aventura y desarrollo personal
  • Una puerta a oportunidades laborales excitantes

Para mí, implicaba…. 

¡Daba igual! Estaba feliz por él. 

Tras muchos años acompañando a mi pareja, descubrí mis consecuencias:

  • Disminución de la autoestima
  • Renuncias profesionales
  • Crisis identitaria 
  • Dependencia
  • Soledad

Todo ello aderezado de negación y culpa… “Con la suerte que tengo”.

Una vida en que las necesidades profesionales de tu pareja condicionan no sólo tus necesidades profesionales sino hasta las personales es difícil. Y es que muchas decisiones se empiezan a tomar por ti. 

Constatar y verbalizar ese malestar es el primer paso. No te convierte en una persona pesada o ingrata. Sino en alguien resolutivo y práctico que quiere empezar a cambiar las cosas.   

Con las emociones no se negocia. Está bien estar mal. 

¿Qué necesitarías para estar mejor? 

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