La constancia es una virtud muy poco atractiva

La constancia, esa firmeza y perseverancia del ánimo en las resoluciones y en los propósitos, es una virtud muy poco atractiva. No se nos ocurre hablar de ella a nuestros amigos. Ni mencionarla en un proceso de selección. 

Yo soy muy constante. De hecho, ahí radica el mérito de muchos de mis logros: la beca de doctorado, publicar mi investigación, los trabajos en diversas ciudades…

Pero se trata de una virtud tan poco atractiva que se me olvida darle valor. Y acabo pensando que mis éxitos provienen de la suerte, de la poca competencia, del contacto que me habló de la vacante… El síndrome del impostor lo llaman.

Con el tiempo, he aprendido a valorar mi constancia y a entender que, lo que a mí me resulta fácil, la perseverancia, la organización, la regularidad, a mucha gente le cuesta. 

Estoy segura de que tú también tienes una virtud así. Que te resulta obvia, insignificante, pero que puede abrirte todas las puertas. Es importante identificarla. 

Te va a permitir:

  • Darle valor y darte valor a ti y a tus logros. Entender que lo que consigues en la vida no es por puro azar.
  • Usarla más. Puedes explorar cómo emplearla para diferenciarte de la competencia, ofrecer un mejor producto o servicio, presentar tu individualidad en cualquier proceso que emprendas. 

Muchas clientas mías no tienen claras sus virtudes, sus fortalezas. Han pasado tanto tiempo relegadas a un segundo plano (dedicadas a la maternidad, siguiendo a sus parejas), que se han olvidado de lo mucho que tienen que aportar fuera de casa.

Si eres una ellas, me encantará trabajar contigo y ayudarte a identificar tus armas secretas. Quizás no sean tan atractivas, pero te permitirán llegar adonde quieres de forma rápida y disfrutando. Cuando quieras, hablamos

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